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Astorath el Siniestro es el Gran Capellán de los Ángeles Sangrientos y el Redentor de los Perdidos. No hay ningún cargo dentro del Capítulo que cause más respeto ni más repulsa. Respeto, por la gran carga que soporta como Redentor de los Perdidos y por el trabajo vital que lleva a cabo; repulsa, porque ese trabajo está manchado de manera indeleble con la sangre de sus Hermanos de Batalla.


Entre las obligaciones de Astorath figura la de buscar a aquellos Hijos de Sanguinius cuyas almas han sido reclamadas por la Rabia Negra, y cuya degeneración mental ha llegado a ser tan severa que incluso la muerte honorable en batalla ya no es una opción viable. Una vez que Astorath ha localizado a uno de estos Hermanos Perdidos, acaba con su vida y su sufrimiento de un limpio golpe en el cuello, cortándole la cabeza. Aunque esto es sin duda un acto de misericordia, hace que ningún otro Hermano de Batalla esté plenamente cómodo en presencia de Astorath, porque sabe que puede llegar un día en que lo último que sienta antes de morir sea el impacto de su inflexible hacha.


Aunque oficialmente Astorath forme parte de los Ángeles Sangrientos, sus obligaciones le llevan a viajar por todos los Capítulos Sucesores. Hace ya mucho tiempo, se llegó a la conclusión de que sería mejor que estas terribles obligaciones fuesen responsabilidad de un único Hermano de Batalla. Desde entonces, Astorath se dedica a buscar y ajusticiar a aquellos que requieran la bendición de su hacha para hallar el reposo eterno.


Para un observador externo, podría parecer que la presencia de Astorath no hace otra cosa que avivar el destructivo fuego de la Rabia Negra. De hecho, está demostrado que la enfermedad se hace más patente allí donde el Redentor aparece, e incluso algunos Ángeles Sangrientos que parecían perfectamente sanos han empezado a comportarse de forma más salvaje cuando estaban ante él. No obstante, la verdadera explicación para esto es justamente la contraria: Astorath es capaz de percibir la semilla degenerativa de la Rabia Negra en un Marine Espacial mucho antes de que se haga evidente para cualquier otra persona (incluyendo al propio afectado). Es un latido que retumba en su mente como las notas de una música siniestra, y ese retumbar se hace más fuerte a medida que más y más Hermanos de Batalla caen en las garras de la enfermedad. La distancia física no sirve de nada para mitigar esta dolorosa sinfonía en la mente del Redentor. Astorath siempre puede "sentir" a las víctimas de la Rabia Negra, sin importar si están luchando en Armageddon o en Ultramar, y cuando las ha detectado, no le queda otro remedio que partir en su busca y cumplir con las obligaciones de su cargo.


Así pues, puede decirse que el Redentor de los Perdidos se ha convertido en un auténtico Ángel de la Muerte, una leyenda de destrucción tanto entre los Capítulos Sucesores de los Ángeles Sangrientos como entre sus enemigos. Cuando Astorath el Siniestro salta al campo de batalla, el enemigo no sólo ha de hacer frente a su furia, sino al estallido de Rabia Negra que se extiende sin control entre los Marines Espaciales. La pena que siente Astorath por las condenadas almas de sus Hermanos de Batalla sólo sirve para alimentar su determinación de ayudarles a que disfruten de una última gran victoria antes de ser ajusticiados por su hacha. Motivado por esta causa, Astorath combate como si estuviera poseido, resuelto a cumplir tanto el papel de redentor como el de ejecutor.